Cuando una persona entra a la consulta de un psicólogo, trae consigo sus secretos más profundos, sus contradicciones, sus heridas. Deposita una confianza enorme en ese profesional. ¿Qué garantiza que esa confianza será bien custodiada? La respuesta son los principios éticos y deontológicos que regulan el ejercicio de la psicología.

La ética profesional en psicología no es una lista de prohibiciones arbitrarias: es el conjunto de principios, normas y valores que orientan la práctica para proteger a las personas que consultan, garantizar la calidad de la intervención y preservar la integridad de la profesión.

Los principios éticos fundamentales

La mayoría de los códigos éticos de psicología en el mundo — incluyendo el de la Sociedad Chilena de Psicología y el de la American Psychological Association — se organizan en torno a principios comunes:

Beneficencia y no maleficencia: el psicólogo debe actuar en beneficio del consultante y evitar causarle daño. No basta con no hacer el mal: hay una obligación positiva de buscar el bien del otro. Este principio obliga, por ejemplo, a derivar cuando el caso excede la competencia del profesional.

Fidelidad y responsabilidad: el psicólogo es responsable de sus acciones profesionales y de las consecuencias de sus intervenciones. Esto incluye mantenerse actualizado, supervisar su trabajo y reconocer los límites de su competencia.

Integridad: actuar con honestidad, transparencia y sin engaño. Incluye no tergiversar resultados de evaluaciones, no crear dependencia innecesaria y no usar la relación terapéutica para beneficio propio.

Justicia: acceso equitativo a la atención psicológica, sin discriminación. Los psicólogos deben ser conscientes de los sesgos que pueden afectar su trabajo con personas de distintos grupos culturales, sociales o de identidad.

Respeto por los derechos y la dignidad de las personas: incluyendo el derecho a la privacidad, a la autodeterminación y al consentimiento informado.

La confidencialidad: el pilar de la confianza

La confidencialidad es quizás el principio más conocido por el público general. Lo que se dice en consulta no sale de consulta. Sin confidencialidad, las personas no revelarían lo que realmente les ocurre, haciendo imposible un trabajo terapéutico genuino.

Pero la confidencialidad tiene límites ética y legalmente establecidos. El psicólogo puede — y en algunos casos debe — romper la confidencialidad cuando:

Este es uno de los dilemas éticos más complejos en la práctica clínica: cómo proteger la confianza del vínculo terapéutico y al mismo tiempo proteger la seguridad de las personas involucradas.

El consentimiento informado

Antes de iniciar cualquier proceso de evaluación o intervención, el psicólogo debe obtener el consentimiento informado del consultante: una explicación clara de qué se va a hacer, para qué, cuáles son las posibles consecuencias y el derecho a retirarse en cualquier momento.

Con menores de edad, el consentimiento lo dan los padres o tutores, pero se busca también el asentimiento del menor — su acuerdo verbal o escrito de participar, adecuado a su nivel de comprensión.

Las relaciones duales: por qué el psicólogo no puede ser amigo ni pareja

El código ético prohíbe las relaciones duales: mantener con el consultante otro tipo de relación además de la terapéutica. No puede ser su amigo, su cliente, su empleado, ni — bajo ningún concepto — su pareja o amante.

La razón no es arbitraria: la relación terapéutica es inevitablemente asimétrica en poder. El consultante se encuentra en una posición de vulnerabilidad y confianza. Cualquier uso de esa posición para fines diferentes al bienestar del consultante constituye una grave violación ética.

Tres situaciones éticas que ilustran la complejidad

Una psicóloga descubre que su paciente está planeando hacerle daño físico a su expareja. La confidencialidad choca con la protección de un tercero. Es uno de los dilemas más angustiantes de la práctica clínica.

Un psicólogo en una comunidad pequeña se encuentra con que el padre de su paciente adolescente es el dueño de la tienda donde compra habitualmente. Las relaciones duales no siempre son fáciles de evitar en contextos donde todos se conocen.

Una psicóloga ha estado trabajando con un paciente durante tres años. Al terminar la terapia, él le regala flores y le propone una amistad. ¿Está permitido? La mayoría de los códigos recomienda cautela incluso después de terminar la relación terapéutica, durante al menos dos años.

Ética no es sólo no hacer el mal

La formación ética del psicólogo no termina en la universidad. La reflexión ética es un ejercicio permanente, frecuentemente colectivo — en supervisión, en comités de ética, en consulta con colegas. Las situaciones de la práctica real siempre son más complejas que los principios abstractos.


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Referencias