Durante la infancia, la identidad de una persona está en gran medida prestada: somos los hijos de, vivimos en tal lugar, vamos a tal escuela. La adolescencia interrumpe esa ecuación. Los cambios físicos, la mayor capacidad de pensamiento abstracto y el ensanchamiento del mundo social plantean una pregunta que no puede responderse con los mismos términos de antes: ¿quién soy yo?

La teoría de Erikson: identidad vs. confusión de roles

Erik Erikson (1902-1994) fue el psicólogo que más sistemáticamente trabajó el concepto de identidad. En su modelo de ocho etapas del desarrollo psicosocial, la adolescencia corresponde a la crisis de identidad vs. confusión de roles.

La tarea central es integrar las diferentes experiencias del yo — como estudiante, como amigo, como hijo, como miembro de un grupo — en una narrativa coherente y continua. Cuando el adolescente logra esta integración, emerge la fidelidad: la capacidad de mantener compromisos ideológicos, interpersonales y vocacionales. Cuando no lo logra, hay confusión de roles: no saber quién uno es, quidé valores sostener, hacia dónde ir.

Los estatus de identidad de Marcia

James Marcia (1966) operacionalizó el trabajo de Erikson identificando cuatro estatus de identidad, según dos dimensiones: si el adolescente ha atravesado una exploración activa y si ha asumido compromisos:

Difusión: Sin exploración y sin compromiso. El adolescente no ha pensado seriamente en su identidad y no tiene compromisos claros. Puede ser una etapa normal en la adolescencia temprana pero se vuelve problemática si persiste.

Otorgamiento (foreclosure): Compromiso sin exploración. El adolescente adoptó los valores, roles o identidad de sus padres sin haberlos cuestionado ni explorado alternativas. Es una pseudoidentidad que puede ser frágil ante desafíos.

Moratoria: Exploración activa sin compromiso todavía. El adolescente está en plena búsqueda, experimentando con diferentes identidades, valores e ideas. Es la etapa más activa y potencialmente ansiosa del proceso.

Logro de identidad: Exploración seguida de compromiso. El adolescente ha pasado por un período de búsqueda y ha emergido con compromisos auténticos propios. Es el resultado más saludable del proceso.

Identidad y cultura

El proceso de formación de identidad no ocurre en el vacío: está profundamente moldeado por el contexto cultural, étnico, de género y socioeconómico. Para adolescentes pertenecientes a minorías étnicas o culturales, hay una capa adicional: la necesidad de integrar la identidad étnica con la identidad personal más amplia, en contextos donde los mensajes sobre esa identidad pueden ser contradictorios o negativos.

La extensión de la adolescencia

La investigación contemporánea documenta que los procesos de formación de identidad se extienden cada vez más allá de la adolescencia tradicional. Jeffrey Arnett acuñó el término «aduléz emergente» para describir el período 18-25 (y a veces más allá) como una etapa diferenciada en sociedades postindustriales, caracterizada por la inestabilidad, la exploración identitaria y la indefinición de los roles adultos.


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Referencias