¿Somós como somos por genes o por cómo nos criaron? La pregunta es antigua, pero las herramientas para responderla son relativamente recientes. Los estudios de gemelos, los estudios de adopción y la genética del comportamiento han producido un cuadro más complejo — y más interesante — que cualquiera de las versiones extremas.
Los estudios de gemelos comparan la similitud entre gemelos monocigóticos (idénticos, que comparten el 100% del ADN) y dicigóticos (fraternos, que comparten aproximadamente el 50%). Si los gemelos idénticos criados juntos se parecen más en personalidad que los fraternos criados juntos, la diferencia se atribuye a factores genéticos.
La conclusión más replicada: la heredabilidad de los rasgos de personalidad está entre el 40% y el 60%. Los rasgos del modelo de los Cinco Grandes (apertura, responsabilidad, extraversión, amabilidad, neuroticismo) tienen heredabilidades sustanciales. Esto no significa que la personalidad esté determinada genéticamente: significa que aproximadamente la mitad de la varianza en los rasgos se explica por diferencias genéticas entre las personas.
Un hallazgo contraintuitivo: el ambiente familiar compartido — criarse en la misma familia, con los mismos padres, en la misma casa — explica muy poca varianza en la personalidad adulta. Lo que importa más es el ambiente no compartido: las experiencias que los hermanos en la misma familia NO comparten: la relación específica con cada padre, los pares, los profesores significativos, los accidentes de trayectoria vital.
Este hallazgo, popularizado por Judith Rich Harris en The Nurture Assumption (1998), fue revolucionario y polémico. Sugería que gran parte de lo que los padres hacen importa menos de lo que creen para moldear la personalidad de los hijos.
El marco más actual supera la oposición naturaleza/crianza reconociendo que genes y ambiente interactúan de múltiples formas:
Correlación genes-ambiente pasiva: Los padres que transmiten genes de alta extraversión también suelen crear ambientes más socialmente estimulantes. El gen y el ambiente van juntos.
Correlación evocativa: Nuestras características genéticamente influidas elicitan respuestas del ambiente. Un niño genéticamente más sociable recibe más invitaciones sociales, lo que amplifica su sociabilidad.
Correlación activa (nicho-construcción): A medida que ganamos autonomía, seleccionamos activamente ambientes compatibles con nuestra personalidad. Los extraídos buscan situaciones sociales; los introvertidos, la soledad. Los genes moldean el ambiente que escogemos.
Más allá del determinismo genético-ambiental, la investigación muestra que la personalidad no es fija: los rasgos cambian a lo largo del ciclo vital, especialmente en la adultez. Las personas tienden a volverse más responsables, más amables y menos neuróticas con la edad. Los grandes cambios de vida — nuevos roles, nuevas relaciones, nuevas experiencias — pueden modificar rasgos de manera duradera.
Además, la investigación de Hudson y Roberts (2014) sugiere que los intentos deliberados de cambiar la propia personalidad tienen cierto éxito — la gente que quiere ser más extrovertida y trabaja activamente en ello tiende a cambiar en esa dirección.
Si quieres explorar más sobre este tema o sientes que esto ya te está superando te invitamos a hacer click en los siguientes enlaces para tomar una sesión, recuerda que el primer paso es gratuito. ¡Te esperamos!
📱 Escríbenos por WhatsApp
✉️ [email protected]