El cerebro es el órgano más complejo del universo conocido. No porque sea el más grande — hay animales con cerebros mucho más voluminosos — sino por la densidad de sus conexiones y la sofisticación de lo que produce. Entender cómo se construye esa complejidad a nivel celular es el punto de partida de todas las neurociencias.
La neurona es la célula especializada en procesar y transmitir información en el sistema nervioso. Aunque existen varios tipos con morfologías distintas, la mayoría comparte tres partes fundamentales:
Cuerpo celular (soma): Contiene el núcleo y la mayoría del aparato metabólico de la célula. Es el centro de procesamiento.
Dendritas: Proyecciones que se ramifican desde el soma y reciben señales de otras neuronas. Cada neurona puede tener miles de dendritas, cada una con múltiples puntos de recepción.
Axón: Proyección única y larga que transmite la señal eléctrica desde el soma hacia otras células. Puede medir desde micras hasta más de un metro en humanos (los axónes que van desde la médula espinal hasta los dedos del pie).
Las neuronas se comunican mediante señales eléctricas llamadas potenciales de acción. En reposo, la membrana neuronal mantiene una diferencia de carga eléctrica entre el interior y el exterior (potencial de membrana en reposo: aproximadamente -70 mV). Cuando llega estímulo suficiente, canales iónicos en la membrana se abren, permitiendo la entrada de iones sodio (Na⁺). La membrana se despolariza rápidamente hasta +40 mV — eso es el potencial de acción.
Este cambio eléctrico se propaga a lo largo del axón como una ola. El principio «todo o nada» es fundamental: una neurona o dispara completamente, o no dispara. No hay disparos parciales. Lo que varía es la frecuencia de disparo, no la amplitud.
La comunicación entre neuronas ocurre en espacios especializados llamados sinapsis. La neurona que envía la señal es la neurona presinaptíca; la que la recibe es la neurona postsinaptíca. Entre ambas hay un pequeño espacio: la hendidura sinaptíca.
Cuando el potencial de acción llega al terminal del axón, vesiculas que contienen neurotransmisores se fusionan con la membrana y liberan su contenido en la hendidura sinaptíca. Los neurotransmisores cruzan el espacio y se unen a receptores específicos en la membrana de la neurona postsinaptíca, generando un nuevo cambio eléctrico en ella.
Glutamato: El principal neurotransmisor excitatorio del sistema nervioso central. Cuando se libera, aumenta la probabilidad de que la neurona receptora dispare.
GABA (ácido gamma-aminobutírico): El principal inhibitorio. Cuando se libera, disminuye la probabilidad de disparo. El equilibrio entre glutamato y GABA es fundamental para la regulación del sistema nervioso.
Dopamina: Involucrada en el sistema de recompensa, la motivación y el movimiento. La déficit de dopamina en ciertas vías está relacionado con la enfermedad de Parkinson; el exceso en otras, con algunos síntomas de psicosis.
Serotonina: Involucrada en la regulación del estado de ánimo, el apetito y el sueño. Los antidepresivos ISRS actuan inhibiendo su recaptación.
Noradrenalina: Involucrada en la respuesta al estrés y la atención. También implicada en la depresión y la ansiedad.
Las sinapsis no son fijas. Su eficiencia cambia con la actividad: las sinapsis que se usan frecuentemente se fortalecen; las que se usan poco se debilitan o eliminan. Este principio — popularizado como «neuronas que disparan juntas, se conectan juntas» (Hebb, 1949) — es la base celular del aprendizaje y la memoria. Toda experiencia deja una huella en las sinapsis.
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